El miércoles de la semana pasada y ayer tuvieron lugar las convivencias de inicio de curso de 3º de la ESO. En un curso que supone un cambio a muchos niveles, se buscaba que conociesen un poco más a Dios, a sus compañeros y a si mismos.
El esquema de la mañana fue similar ambos días: después de unos juegos para empezar con alegría, la temática giraba en torno a la acogida a los demás, a los distintos, a cómo entendemos nuestra libertad y cómo podemos usarla para los demás, trabajando individualmente en ello y compartiendo después en grupos (con algún rato de descanso, fútbol, charla y ping-pong incluidos, claro…) La mañana terminaba con la eucaristía, como esa forma de saciar ese apetito espiritual antes de las ansiadas empanadillas para saciar el apetito físico. Después de comer, un pequeño examen ignaciano, para recoger la jornada, dar gracias, pedir perdón y pedirle a Dios por los frutos de la convivencia.


